miércoles, 6 de marzo de 2013

Sobre nuestra educación y el método de los países asiáticos


El informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA 2009) donde rindieron más de 470000 estudiantes de 15 años de 65 países arrojó diferentes resultados. Las áreas evaluadas fueron matemáticas, lengua y ciencias. La ubicación lograda por nuestros alumnos (argentinos) fue el puesto 58º, no muy diferente del resultado del 2006[1]. En el 2003 no participó el país. O sea estamos cada vez más cerca del fondo de la tabla y declinando una vez más en educación. Por otra parte el informe y sus resultados fueron debatidos en todo el mundo y puertas a dentro de cada país, todavía no ocurre lo mismo con nosotros.
Uno de los datos más sobresalientes es el óptimo nivel alcanzado por los países de oriente: China, Hong Kong, Corea del Sur, Japón, esto llamó la atención a muchos expertos e intentaron buscar las características de la pedagogía oriental.
Un rasgo es el tiempo dedicado al estudio, muchos días, muchas horas y clases suplementarias. Otros muy importantes son respetar la autoridad del maestro, el uso de la memoria y una especial dedicación a las matemáticas.
Los niños orientales reciben primeramente de sus familias una educación basada en el rigor, la disciplina y la severidad; piensan que la excelencia no puede lograrse de otro modo y entonces los motivan[2].
Ahora bien, entre los rigores de oriente y el buenísimo, igualitario, permisivo y a derecho criollo que nos está hundiendo en el bárbaro de la ignorancia y del retraso podemos encontrar alternativas razonables.
Pueden existir leyes nuevas, aportes de estudiosos y pedagogos, psicólogos, estudiosos de las ciencias de la educación, reformas, etc. todos muy útiles pero lo que sobre todo nos hace falta es el talento de verdaderos docentes. Estimo no deberíamos olvidar ciertos requisitos como revisar efectivamente el trabajo dedicado en las escuelas, mejorar el empleo del tiempo y los recursos, y asumir que necesitamos esforzarnos.
Otro aspecto no menor es que en Oriente, en Norte América y Europa resuenan y funcionan cada vez más proyectos para los niños que no se retrasan en los estudios, o sea para los primeros de la clase. Se está considerando que en general en todos los países los grandes olvidados son los primeros de la clase. Tratamos de sostener al que se atrasa y no potenciar aun más al que rinde, alcanza y en algunos casos sobrepasa los objetivos que la escuela le exige.
Propuestas simples: estimular el crecimiento, premiarlos, entre otras. Con esto se aspira a transformar la sociedad del conocimiento. Alguno puede decir que solo se privilegia un flanco de la educación, el aspecto intelectual, bueno habría que armonizarlo con otras dimensiones para una educación integral.
El hecho es que no se trata de nivelar hacia abajo ni tampoco descuidar al que tiene alguna dificultad pero es necesario repensar algunos horizontes como mejorar la calidad de la enseñanza y la metodología para ayudar al que no alcanza los objetivos pero a la vez no descuidar al que los logra o tiene opciones de sobrepasarlos.
De si todo esto es posible… al final todos contamos con una ayuda “extra” decía León Bloy, un escritor francés, (tal vez un poco exagerando) “…Tenemos el deber de pedirle todo a Dios, y él no tiene motivos porque rehusarse” [3].
Un abrazo y hasta la próxima.


[1] Informe PISA 2009.

[2] Oppenheimer Andrés, Basta de Mentiras, 2009.

[3] Bloy León, El Mendigo Ingrato. Reedición 1995.